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domingo, 19 de enero de 2014

Probióticos, fuente de salud






Al empezar la dieta sin lácteos, se suele rechazar tomar cualquier alimento que en su raíz etimológica contenga el lexema [Lact], mitad por desconocimiento de los alimentos que se pueden tomar sin riesgo para la salud, y de la otra parte porque se asocia erróneamente como algo derivado de la leche o que lo contiene en sí.

Pongamos un ejemplo: tanto en lo yogures lácteos como en los yogures vegetales, a menudo leemos en su etiquetaje “contiene fermentos lácteos” o “Lactobacillus”, y se disparan todas nuestras alarmas.

Que no cunda el pánico, podemos tomarlos con toda tranquilidad y seguridad, es más, ese producto es especialmente recomendable en nuestro caso, y pasamos a explicar porqué.

Las personas que sufren de intolerancias o alergias alimentarias, a menudo experimentan molestias digestivas que pueden abarcar desde reflujo, acidez, pesadez, hinchazón abdominal, a sintomatologías más severas como diarrea, cólicos y vómitos.

Cuando aparecen los cólicos y las diarreas severas, se hace especialmente necesario moderar la dieta hasta que desaparezcan dichos síntomas, y a su vez, combinarla con suplementos probióticos.

Pero ¿qué son los probióticos?

Las bacterias no sólo están presentes en el mundo que nos rodea, si no que forman parte de vegetales y animales, hasta el punto que el intestino humano está poblado de millones de ellas.

No hay que pensar que toda bacteria es patogénica en sí, más bien al contrario: cada bacteria cumple con un objetivo, aunque el ser humano se ha beneficiado especialmente de aquéllas que descomponen los alimentos en nutrientes saludables. Llevan millones de años cumpliendo con su cometido, y por ello se conoce de sus “beneficios” por distintas culturas.

Las bacterias, levaduras y mohos presentes en los alimentos son las responsables de la fermentación de los azúcares que los componen, transformándolos en nutrientes fácilmente digeribles y con valor nutricional, así los mongoles descubrieron que la leche a menudo se “fermentaba” confiriéndola un aspecto cuajado y burbujeante pero dotándola de un sabor especialmente agradable al paladar: la llamaron Kéfir.

Los pueblos de la Europa del este como Alemania, Alsacia y Polonia, descubrieron que si dejaban hojas de col en salmuera (remojadas en agua con sal) obtenían un alimento agradable al sabor y además altamente nutritivo: el chucrut.

Louis Pasteur demostró en  1857 que determinados microorganismos eran los responsables de dicha fermentación, y consiguió aislarlos de un cultivo de leche fermentada, llamándolos bacterias acidolácticas (LAB de sus siglas en inglés), para que más tarde Josep Lister aislara la primer acepa de probióticos conocida, la Bacterium Lactis.
Si bien ambas bacterias se extrajeron de fermentos lácteos, cabe mencionar que éstas bacterias en realidad proliferan en medios ricos en carbohidratos, almidones y azúcares, y por tanto no provienen de la leche en sí misma (véase el apartado Consejos dietéticos; "Como eliminar los lácteos de la dieta",  ácido láctico).


En los últimos 150 años se han sucedido numerosas investigaciones exitosas en el campo del estudio de las bacterias, tanto de aquellas benignas como nocivas para nuestra salud, de modo que hoy podemos afirmar que las bacterias proliferan por millones en nuestro tracto digestivo -en los intestinos de cada persona viven unos 100 billones de bacterias de centenares de especies diferentes-, ayudándonos a : mejorar nuestras digestiones y tomar de los alimentos las vitaminas, minerales y nutrientes que ayudan al correcto desarrollo y función de los órganos de nuestro cuerpo, a protegernos de la agresión de patógenos externos nocivos, eliminar toxinas o reforzar nuestro sistema inmunitario.
A cambio, nuestros intestinos les confieren un hábitat y alimento constante.


Las bacterias probióticas [de la etimologia griega “pro bios”, que significa “para la vida”]. más conocidas son las que encontramos en los productos fermentados como el yogur obtenido de la leche, los Lactobacillus, pero las hay de muchos tipos, como Lactobacillus casei, Lactobacillus bulgaricus, Bifidobacterium bifidum y Streptococcus thermophilus.

A éste hábitat de colonias bacterianas lo llamamos Flora Intestinal, y ésta es especialmente sensible, no sólo a patógenos que intentan penetrar en nuestro organismo desde el exterior, si no también y como recientemente se ha descubierto, a nuestros cambios de humor, de modo que el estrés puede tener consecuencias catastróficas en nuestros intestinos.
Nnuestro cuerpo está dotado de un sistema nervioso central (cerebro y espina dorsal) y un sistema nervioso entérico que es el sistema nervioso intrínseco del tracto digestivo, ambos están interconectados, de modo que a menudo aquello que nos preocupa, no sólo se reflejará en nuestro humor, si no que nuestro cerebro segregará sustancias que afectarán tanto a nuestro estado psíquico como físico: investigadores de la UCLA (Universidad de California de Los Ángeles) afirman en recientes estudios que "
[...] el cerebro manda señales a su intestino, que es la razón por la que el estrés y otras emociones pueden contribuir con los síntomas gastrointestinales. Este estudio demuestra lo que se sospechaba pero que hasta ahora no había sido probado únicamente en estudios en animales: que las señales también viajan en sentido contrario.”

Ante situaciones estresantes o irritantes, el cerebro envía señales de alarma que activan nuestros intestinos, por ello el estrés puede conducirnos a malas digestiones, que a su vez pueden provocarnos cólicos (diarreas) y en consecuencia a estados carenciales,  que a su vez refuerza nuestro mal humor, nuestra ansiedad, estrés…y vuelta a empezar.

El SII (Síndrome del Intesinto Irritable) es una enfermedad inflamatoria intestinal que sufren algunas personas como consecuencia de una extrema sensibilidad de los intestinos ante situaciones estresantes, pero hay otras muchas patologías que “dañan” nuestros intestinos, como es el caso de las alergias o intolerancias alimenticias, en las que nuestras defensas atacan proteínas creyéndolas una amenaza para nuestro organismo: es el caso de las personas celíacas o con enteropatía al gluten, cuya la flora intestinal se atrofia al atacar la proteína gliadina, en el caso de la intolerancia a la lactosa, la flora intestinal es incapaz de absorber la lactosa debido a un déficit de la enzima lactasa, en el caso de la espondilitis anquilosante, la flora bacteriana ataca por error la bacteria klebsiella pneumoniae  (una bacteria que se nutre del almidón y los polisacários) poniendo en pie de guerra nuestro sistema inmunológico para tratar de eliminarla, activando los eosinófilos que a su vez provocan la inflamación de articulaciones y tendones….

Con éstos procesos, la flora intestinal se daña gravamente, pero por suerte no de una forma irreversible, pues gracias a los probióticos podemos ayudar a repoblarla, en suma a una correcta alimentación.

Por ello, es bueno o bien disponer de suplementos probióticos o bien saber qué alimentos los contienen de forma natural: el chocolate amargo (cuanto más puro mejor, y por tanto con poco azúcar), el chucrut, el kéfir, el miso, tempeh, las aceitunas y pepinillos en salmuera o los yogures vegetales fermentados, son fuente de probióticos naturales, especialmente indicados en nuestro caso (personas con alergias/intolerancias) por lo cual merece la pena tenerlos a mano no sólo en nuestro día a día, si no también por ejemplo en nuestro botiquín de viaje .

Por ello, os recomendamos los siguientes probióticos que no contienen ni gluten ni derivados lácteos.

- Lactoflora
Formulado sin alérgenos: apto para celíacos, diabéticos e intolerantes a la lactosa, sin proteína de la leche, sin soja, sin frutos secos y sin cacahuetes.
Muy recomendable en casos de colitis diarréica, contiene probióticos, prebióticos y vitaminas, además de fórmulas específicas para lactantes o adultos.

Contiene :

  • 37.500 millones Bifidobacterium lactis Bl-04®*
  • 10.000 millones Lactobacillus acidophilus La-14 ®*
  • 2.000 millones Lactobacillus plantarum Lp-115®*
  • 500 millones Lactobacillus paracasei Lpc-37®*

http://www.lactoflora.es/adultos/que_es.html

- Acidophilus +40 Advance de Solgar (especial para adultos)

Cápsulas vegetales, no contienen gluten, almidón, trigo, ni derivados lácteos.
Formulación especial para estados carenciales en adultos de más de 40 años.

Contiene las siguientes cepas :






300 millones de microorganismos
300 millones de microorganismos
300 millones de microorganismos
300 millones de microorganismos
300 millones de microorganismos



domingo, 12 de enero de 2014

Síndrome del Intestino Irritable, el mal de los tiempos modernos.




Muchas personas sufren de “IBS” (Intstinal Bowel Syndrome) o lo que es lo mismo “SII” (Síndrome del Intestino Irritable).

Los llamados "males de nuestro tiempo" como el estrés, la ansiedad, la depresión, alergias o intolerancias a algunos alimentos o pautas de alimentación incorrectas, pueden ser el detonante de un “brote”.

Aunque no es una enfermedad en sí, sí supone un impedimento en las tareas diarias de quienes lo sufren por lo molesto de sus síntomas. Éstos abarcan desde el tenesmo que significa la necesidad urgente de evacuación, a los cólicos intestinales con presencia de espasmos, la diarrea o la constipación (estreñimiento) durante días  o incluso períodos de alternancia de ambas , la distensión abdominal, el meteorismo, los borgorismos o ruidos intestinales aumentados, la sensación de plenitud postprandial (después de las comidas), malas digestiones e incluso malabsorción intestinal (problemas con la absorción de los alimentos).  

Todo ello afecta a la calidad de vida de quienes lo sufren, incomodándoles no sólo en su vida privada en lo psicológico y personal, si no también afectando a sus relaciones sociales en el ámbito público, como es en el trabajo o en espacios públicos o las salidas con amigos y familiares, pues a menudo salir de casa supone un hándicap por temor a sufrir un cólico y no disponer de un servicio cerca o atención médica urgente.

En realidad el Síndrome de Intestino Irritable no deja de ser una especie de “cajón de sastre” para la medicina, pues cuando no se hallan causas médicas que descarten o confirmen otro diagnóstico como pueda ser una colitis ulcerosa o síndrome de Crohn o una alergia/intolerancia alimentaria (entre otras enfermedades), simplemente queda por considerarlo como una patología en sí misma. Según varios estudios médicos, se ha establecido un patrón común entre los pacientes de SII: el perfil común es que a menudo son personas nerviosas, con un gran sentido de la responsabilidad y la autoexigencia, por lo que son perfeccionistas, metódicos, están sometidas a tensiones emocionales o estrés y a menudo se muestran insatisfechas con sus logros. 

La verdad es que parece bastante simplista y generalista considerar que toda persona con un nivel de autoexigencia alto o un trabajo estresante o sometida a tensiones emocionales como pueda ser vivir en un ambiente familiar asfixiante, tenga por definición que sufrir SII, pues todos conocemos casos en los que no sucede a pesar de reunir casi todos los requisitos.
Cabe pensar entonces que el SII no es más que una etiqueta para lo que aún se desconoce en términos médicos, sea porque no se han realizado suficientes pruebas (TAC, enemas opacos, tránsitos esofágico-gastro-intestinal, resonancias magnéticas, endoscopias…) o porque no hay un diagnóstico claro.


Lo que sí es cierto en cualquier caso es que el SII, aunque no sea considerado una enfermedad, puede acarrear problemas de salud en el paciente.  Son habituales la presencia de mal absorción de los ácidos grasos, pérdida de minerales como el hierro que puede provocar anemia ferropénica, avitaminosis (falta de vitaminas en especial del tipo B, K, D) , pérdida de peso, debilidad muscular, cambios de humor, fatiga e insomnio.

Por ello se hace necesario tomar medidas preventivas en cuanto a nuestro estilo de vida, tanto a nivel físico (realizar algún ejercicio para canalizar la tensión) y a nivel dietético, es decir, combinando bien los alimentos y cocinándolos de la manera más digerible posible.

Los nutricionistas y digestólogos recomiendan anotar cada día en un dietario los alimentos que se consumen sea pescado, carne roja o blanca, verduras, hortalizas, frutas, frutos secos, así como su composición, cómo se consumen (si se han cocinado hervidos, o guisados, al horno, al vapor o fritos, muy condimentados o poco condimentados, con salsa o sin), para luego detectar qué alimentos pueden ser la causa de un brote o de nuestro malestar digestivo.

Si por ejemplo sospechamos que los derivados lácteos nos sientan mal, excluiremos por dos semanas absolutamente todos los alimentos que los contengan, y cabe recordar que no solamente incluyen la mantequilla, la margarina, los yogures, los quesos y la leche, si no también aquéllos alimentos que puede contenerlos en su composición, como son bollería, panes, empanadas, tortas, croquetas, rebozados, harinas industriales, embutidos, salsas preparadas, alimentos precocinados, alimentos envasados… 

Nos sorprenderíamos los “añadidos” que un alimento puede contener aunque aparentemente no nos haga sospechar de su presencia, como por ejemplo la lactosa o la proteína de la leche, que podemos encontrar en embutidos y encurtidos (jamón dulce, serrano, chorizo, morcilla, bacon, salami, longaniza, sobrasada), en el pan de molde, margarinas vegetales (y que por tanto, no lo son al 100%), bebidas como batidos de frutas, aceitunas en conserva, mejillones enlatados en escabeche, harinas para rebozar…

De ésta forma, si al digerir un alimento notamos problemas digestivos como hinchazón, diarrea, vómito, dolor abdominal, gases, reflujo o acidez, cabrá sospechar que dicho alimento es la causa, aunque el dietario nos ayudará a establecer esquemas de relación-causa con ése alimento si se ha ingerido en otras ocasiones y hemos sentido ésos mismos síntomas.

Pero cabe ser minucioso y tener en cuenta que los síntomas no tienen porqué ser siempre inmediatos, pues los alimentos deben ser digeridos, y dicho proceso puede llevar de 3h a 6h horas dependiendo de la persona, además, cuando un alimento nos causa reacción alérgica, ésta suele aparecer apenas unos minutos tras entrar en contacto con el alimento hasta un período retardado de entre 30 o 40 minutos. En el caso de las intolerancias, los síntomas aparecen al iniciarse la digestión  de modo que son más retardados, entre 3h y 6horas después de haber ingerido el alimento. Y para complicarlo aún más, en el caso de las alergias no mediadas, los síntomas pueden aparecer incluso al día siguiente de haber ingerido el alimento causante.

Para algunos pacientes de SII, los alimentos que a menudo provocan síntomas o brotes son : alimentos procesados con trigo o avena, alimentos muy grasos o picantes o especiados, los cítricos, alimentos flatulentos como repollo, coles de bruselas, coliflor, brócoli, cebolla y puerros, leguminosas como soja, guisantes, garbanzos, lentejas, alubias y cacahuete, quesos secos y derivados lácteos grasos, algunos frutos secos como nueces, las frutas dulces como uvas pasas, ciruelas y orejones, embutidos y encurtidos muy grasos, salsas picantes como chile o tabasco, y bebidas que contengan cafeína como el café, la cola, el té por contener teína, así como las bebidas gaseosas.

A menudo, si el intestino está irritado, reaccionará exageradamente a la hora de digerir alimentos que supongan un gasto adicional de energía, por ello y durante la fase de brote, es preferible comer alimentos de fácil digestión: arroz o patata o zanahoria muy cocido, con poca sal y aceite, pavo cocido, manzanas y peras asadas o cocidas, pescado blanco al vapor o cocido, tortillas sin aceite o únicamente de clara de huevo, yogures descremados, pasta blanca, carnes sin grasa como filete de ternera o magro de cerdo, pan blanco tostado, membrillo, y evitar la fibra por unos días, sobretodo en caso de sufrir diarrea (cereales integrales, legumbres, verduras).

A medida que nos recuperemos, podremos ir incorporando otros alimentos con medida y preferiblemente a la plancha, brasa, vapor, hervidos o en papillote, sin salsas ni picantes. Otra opción a tener en cuenta es incorporar probióticos para intentar ayudar a nuestra flora intestinal a recuperarse mejor y más rápido. En el mercado hay varias marcas sin gluten, sin lácteos, ni almidones, ni azúcar, ni frutos secos, ni huevo: informaros bien en dietéticas o con vuestro farmacéutico.

Cuando estemos plenamente recuperados, es un buen momento para empezar el dietario de alimentos y analizar cuáles son los que pueden desencadenarnos un brote,  y a medida que nuestro aparato digestivo gane en tolerancia, podemos probar a comer alimentos que solían causarnos malestar, pero introduciéndolos en nuestra dieta de uno en uno cada semana, primero durante un día, luego un par, y observando qué tal nos sientam, como por ejemplo las legumbres: mejor muy cocidas y en forma de puré o “hummus”, sea triturándolas con el tenedor o con el pasapurés, pues de éste modo eliminamos el exceso de almidón que contienen y que pueden provocarnos gases e irritación intestinal.
También es aconsejable hacerlo con el resto de feculosas como patata, moniatos y zanahorias.

Con los repollos y cebollas, mejor comer poca cantidad y también muy cocido. Se pueden igualmente triturar y mezclar con otro alimento para augmentar su tolerancia, pero mejor que no sean ni lácteos ni fruta de ningún tipo (ni ácidas, ni semiácidas ni dulces o frutos secos.)

Combinar bien los alimentos a la hora de comer (no mezclar almidones con frutas ácidas, proteínas distintas como carne y pescado en una misma comida, grasas con azúcar, frutas dulces con ácidas o feculosas con cereales), respetar el tiempo de la digestión (de 3h a 4horas antes de ingerir otro alimento), no comer con prisas, no tomar líquido durante las comidas (interfiere en la segregación de jugos gástricos), evitar las bebidas azucaradas y carbonatadas o las grasas saturadas, son pequeñas pautas pero muy útiles para tratar de facilitarnos al máximo la digestión y evitarnos acumular gases y toxinas que puedan irritar nuestros intestinos, y por tanto, desencadenar un brote.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Lista de ingredientes que contienen proteína de la leche y gluten en productos cosméticos y de higiene.


En anteriores entradas, hemos hablado sobre la actual Ley de Etiquetado de alimentos y la obligación por parte de los fabricantes a acatarla declarando los alérgenos presentes en sus productos, pero nos habíamos centrado sólo en la industria alimentaria, olvidando que los alérgenos se esconden en otros muchos productos aparentemente inofensivos y en los lugares más insospechados: en la fabricación de tejidos, de material escolar (goma de borrar, tiza de pizarra), envases, plásticos...

Todos éstos productos tienen en común que entre sus ingredientes pueden esconder almidones y proteínas de la leche, y nos cuesta un poco reconocerlos a primera vista porque en ocasiones se disfrazan tras una formulación química, su denominación en latín, o tras la INCI (“International Nomenclature of Cosmetics Ingredients”), es decir, el lenguaje standard internacional que debe usarse en el embalaje de un cosmético o producto de higiene corporal para detallar la composición o ingredientes contenidos en él. 

Por ello, hoy adjuntaremos una lista que puede resultar útil para reconocer tanto la proteína de la leche como los almidones con gluten contenidos en cosméticos y productos de higiene corporal.

Repasad los que tenéis en casa.


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Comer sin gluten ¿es más sano?



Cuando empecé la dieta, lo primero que me dijo mi digestólogo fué : "Verás qué rápido te sentirás bien, además, la comida sin gluten es más sana”. 

Pero, ¿realmente es así?

Hoy en día parece que la dieta sin gluten ha dejado de ser la opción dietética obligada para aquellos quienes sufrimos de intolerancia/sensibilidad al gluten, y convertirse en un “régimen de moda” para muchos, bajo la falsa creencia que se "come más sano y se adelgaza.”
De entrada debemos tener claro que cualquier persona con alergia, intolerancia o sensibilidad a un alérgeno, debe inmediatamente excluirlo de su entorno o tratar de evitar el contacto con él, y en el caso de tratarse de un alimento, debe además excluirlo de su dieta.
Evitarlo es una cuestión de salud, no de capricho, y de no hacerlo puede conllevar serios riesgos que comprometen desde el sistema inmunológico al sistema digestivo de la persona que sufre dicha alergia/intolerancia.

En el caso de la celiaquía, los estudios médicos aún no son concluyentes a la hora de determinar sus síntomas, al menos no de una forma genérica, pues son diferentes según el paciente, como tampoco son concluyentes al tratar de comprender de qué modo se desencadena la enfermedad (predisposición genética, factores medioambientales,etc...), pero sí se sabe que se trata de una intolerancia permanente al gluten, razón por la cual debe excluirse de la dieta habitual, pues su consumo conlleva desde lesiones en las vellosidades intestinales, a osteoporosis, o anemia perniciosa,o  dermatitis, y en caso graves, incluso a diabetes mellitus o resistencia a la insulina.
Aunque algunas de sus consecuencias en el organismo son irreversibles (como la diabetes o el hipotiroidismo), otras pueden corregirse llevando un control de la dieta de por vida, y esto significa tratar por todos los medios de evitar alimentos que contengan gluten o trazas, y tener en cuenta la contaminación cruzada tanto al manipular y como al cocinar los alimentos.

Se estima que una persona que haga la dieta correctamente, tardará entre 3 y 5 años en recuperar las vellosidades intestinales y mejorar su estado de salud general; por ejemplo mejorará su digestión, aprovechando los nutrientes presentes en los alimentos, lo que a su vez le ayudará a superar estados carenciales, no sentirse tan cansado, tener mejor humor...


Por tanto, los máximos beneficiados al hacer la dieta sin gluten, son aquellas personas que presentan problemas a la hora de digerir dicha proteína.


Sin embargo, hay que tener presente que hacer dieta libre de gluten NO significa abandonar por completo la ingesta de alimentos que lo contengan, como por ejemplo: pan, pasta, bollería o salsas.

NO. La dieta sin gluten NO significa dejar de comer carbohidratos, y de hecho, éstos son fundamentales para proveer de energía a nuestro organismo y hacer que no nos sintamos cansados con nuestra rutina diaria.

Los carbohidratos son para nuestro organismo lo que el carburante para un motor = energía.
Los cereales, las legumbres, el azúcar, la miel, los frutos secos, la pasta seca, la fruta, las hortalizas, la verdura, etc…son carbohidratos que se transforman en azúcar y dan energía a nuestros músculos.

Hay carbohidratos simples y carbohidratos complejos, y la distinción varía según su composición química y la rapidez con que nuestro organismo los asimila y transforma en azúcar.


Los carbohidratos simples se encuentran habitualmente en fruta, leche y verduras, mientras que los complejos los encontramos en legumbres, panes, cereales integrales y verduras ricas en almidón.


Lo preferible es comerlos con moderación y adecuadamente, es decir, no abusar de los azúcares refinados y los alimentos procesados, p.ej. bollería industria, mermeladas, frutas confitadas o salsas de bote, que a menudo aportan poco o nulo valor nutricional, porque están enriquecidos con azúcar, grasas y conservantes. Siempre que se pueda, se debe aumentar el consumo de cereales, fruta y frutos secos, legumbres, hortalizas y verduras en su forma natural o cocinados en casa.

Por supuesto, de vez en cuando, podemos darnos un capricho en forma de bollo o golosina, y a pesar de su mala fama, no es necesario restringir el consumo de pan (en especial si es de cereales y semillas variados o integral), pues es fundamental en la dieta. Eso sí, que sea pan tradicional de panadería, no pan de molde o precocinados.


Llegados a éste punto, queda claro que hacer dieta sin gluten no es igual a “dieta sin carbohidratos”, distinto es que algunos nutriólogos y dietistas pretendan hacer creer a sus pacientes que comer sin gluten "adelgaza, es más sano y van a vivir más años"  : menudo slogan seria si fuera cierto.


Bajo mi punto de vista, se es lo que se come, simplemente.
Y para empezar, los beneficios de la dieta sin gluten para una persona que no tolera ni digiere dicha proteína - junto con los buenos hábitos alimenticios -, son que se digiere mejor los alimentos, se aprovechan mejor los nutrientes, desparecen algunos de los síntomas que pueden acarrear pérdida de peso como la diarrea y el vómito, y a menudo ello se traduce en aumento de masa muscular y peso.


Evidentemente se tendrá mejor calidad de vida si dicha persona lleva un estilo de vida saludable y practica deporte de modo regular, o al menos camina cada día un mínimo de 
30 minutos a paso ligero, duerme un mínimo de entre 7 y 9 horas al día, no fuma, no bebe en exceso...

Y cabe recalcar “vida sana”, porque si nos ponemos a analizar la comida sin gluten leyendo el etiquetado de ingredientes, en seguida nos daremos cuenta que engaña: casi cualquier alimento sin gluten, sea un pan de molde o un pan de baguette, como una madalena, o croissant o unas galletas, llevan sí o sí emulgentes y grasas vegetales, esto es la mayoría de la veces: aceite de palma, de coco, ácidos grasos y monodiglicéridos…. pero dá igual como lo llamen, es grasa, y para colmo la mayoría de las veces no se especifica si son o no hidrogenadas.


Otro gran aliado de la bollería sin gluten, es la goma guar o la goma xantana, que aunque aparentemente no son tóxicos y ni dañinos para el organismo, no dejan de ser un añadido más simplemente para mejorar la textura y el aspecto del producto.

¡Y qué decir de los azúcares! cuando no leemos en la etiqueta lactosa, hay azúcar, o maltodextrina, o aún peor, edulcorantes del tipo sacarosa, aspartame, xilitiol, sorbitol, maltitol… y jarabes y siropes y más almidones! A fin de cuenta, todo azúcar.
Y en una madalena o un criossant, tenga un pase, pero ¿en un simple pan o una tostada? Pues ahí está.


Y si nos paramos a pensar que son productos que se ingieren habitualmente, más nos vale llevar un estilo de vida muy sano, o al cabo de unos años haciendo la dieta, los michelines empezarán a hacer acto de presencia.

Entonces, ¿de dónde nace el “mito” que comer sin gluten, es más sano?

Sencillamente, que cuando empezamos la dieta, no estamos aún seguros ni de lo que podemos comer, ni dónde adquirirlo, ni cómo manipularlo, etc, y optamos por sustituir los alimentos como la bollería, los bocadillos, el pan, la pasta, la pizza y la repostería, por otros alimentos "no procesados", y empezamos a cocinar cosas que sí son aptas y naturalmente libres de gluten como carnes, pescados, huevos, hortalizas, verduras o legumbres.

Además, cuando se empieza la dieta sin gluten, muchos nutricionistas recomiendan no abusar de los productos sin gluten aunque se tenga buena disponibilidad, pues éstos están elaborados con ingredientes a los que quizá no estemos muy acostumbrados, pues hasta ahora no formaban parte de nuestra dieta de forma habitual, y pueda ser que no nos sienten bien, necesitando nuestro estómago e intestinos un “período de adaptación”, como por ejemplo a la harina de maíz, o de soja, a los ácidos grasos, a los aceites de coco o de palma o linaza, y margarinas vegetales, a los edulcorantes y los jarabes de glucosa, fibras adicionales como la de guisante, la goma xantana o la goma guar…

Y otra gran (muy grande) razón por la cual se cree que el celíaco come mejor, es porque los productos sin gluten/dietéticos son carísimos, entre 3 y 4 veces más caros que sus homólogos “normales” o “no dietéticos”, razón por la cual no se compran habitualmente y se prefiere comer otros alimentos más económicos e igualmente saludables como yogures, fruta, frutos secos, cereales, leche, tortas...
De hecho, la cesta de la compra para un celíaco respecto a alguien que no lo sea es 1.500euros más cara al cabo del año, y si para colmo añadimos (como en mi caso y el de muchos) otra alergia, o una diabetes, o una hipertensión, id buscando la calculadora porque los números “engordan” y no por efecto del azúcar….

A mi modo de ver, y ésta es mi opinión personal, comer sin gluten no adelgaza per sé de no ser que se coma sano, variado, se practique algún deporte habitualmente, y se beba suficiente líquido : al contrario, si se abusa de los productos sin gluten, dado que la mayoría son procesados/industriales, y llevan muchos añadidos, lo más seguro es que aumentemos de peso.


Para terminar, mi propio ejemplo : cuando empecé la dieta, me costó ho-rro-res aumentar de peso y masa muscular, me asustaba comer cualquier cosa procesada porque la ley de etiquetaje todavía no obligaba a declarar los alérgenos ni las trazas, de modo que algunos fabricantes especificaban el tema del gluten y los lácteos, pero otros no, y donde resido, no había dietéticas con un buen surtido de productos básicos.

Llevo ya cuatro años con la dieta, en Abril del 2014 hará cinco, y para mi sorpresa, actualmente consigo casi cualquier producto que me apetezca en su versión “sin” en los supermercados de mi zona, sin tener que desplazarme a dietéticas especializadas.
 

No practico ningún deporte, he dejado de fumar (¡ya hace un año, hurra yo!) bebo lo suficiente, como dos veces por semana legumbres, una vez por semana cereales, dos veces carne (una vez blanca, otra roja), dos veces pescado (una blanco y otra azul), cereales un par, y ensaladas, fruta y verdura a diario.

Comida rápida tipo pasta un par de veces al mes, pizza - si mi acuerdo de hacerla- una vez, frituritas … ¿eso qué es lo que es?.

Alterno un par de días bocadillo para el desayuno, con otro par de días de yogur con frutos secos/cereales, o fruta, o embutido....

Y en los dos últimos años he engordado 6 kilos, y la mayoría de amigos/conocidos que siguen la dieta sin gluten sin saltársela ni incurrir en transgresiones, también han aumentado de peso, por el simple hecho que su organismo ahora asimila bien los nutrientes, antes no, y todo pesa hehehe.


De todos modos, y dado que yo pesaba 46 kilos con 1.64 cm de estatura, mis 52kilitos aún siguen pareciéndole poco a mi doctora, pero a mi me fastidian lo suficiente para hacer que no me abroche ningún pantalón, tenga que comprarme ropa nueva (y con ésta crisis y éstos precios, ¡no apetece hacer “más” gasto!) y que mis sueters me hagan parecer wonderbra-woman (ehem).

Pero yo? contenta, oiga. 

Saludos.                                                            
                                                                                                Smilie Chica






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